—¿Qué?...—Ir yo mismo; ver a ese hombre... quiero verle yo... a mí me ha de obedecer... yo he de persuadirle.... Que traigan un coche si no quieres que me vean, una tartana, un carro... lo que quieras.... Voy a verle, sí, voy a verle....
—¡Locuras, señor, locuras!—rugió el Provisor sacudiendo la cabeza.
—¡Pero Fermo, es un alma que se pierde!...
—No hay que salir de aquí... Ir... el Obispo... a un hereje contumaz..., absurdo....
—Por lo mismo, Fermo...—¡Bueno! ¡bueno! Los Miserables, siempre la comedia.... La escena del Convencional, ¿no es eso? don Santos es un borracho insolente que escupiría al Obispo con mucha frescura; don Pompeyo discutiría con Su Ilustrísima si había Dios o no había Dios.... No hay que pensar en ello. ¡Absurdo moverse de aquí!
Hubo algunos momentos de silencio. Carraspique, único testigo de la escena, temblaba y admiraba con terror el poder del Magistral y su energía.
«Era verdad, tenía a S. I. en un puño». Después continuó don Fermín:
—Además, sería inútil ir allá. El señor Carraspique lo ha dicho.... Barinaga ya ha perdido el conocimiento, ¿verdad? Ya es tarde, ya no hay que hacer allí. Está ya como si hubiese muerto.
Carraspique, aunque con mucho miedo, animado por su afán piadoso de salvar a don Santos, se atrevió a decir:
—Sin embargo, tal vez.... Se ven muchos casos....