—Y no parecía que te habías equivocado. La mía la habías hecho. La de ella... durante más de diez años pareció que también.
—Sí, pareció; pero la procesión andaba por dentro....
Diez años fue buena: la vida es corta.... No fue tan poco.
—Mira, Frígilis, tu filosofía no es para consolar a un marido en mi situación.... Ya sé yo todo lo que tú puedes decirme, y mucho más.... Eso no es consolarme....
—Ni yo creo que tu situación admita consuelos más que el del tiempo y la reflexión lenta y larga.... Pero ahora no se trata de ti, se trata de ella. ¿Te empeñas en coser el cuerpo con un florete o con una espada a Mesía? Sea; pero hay que ver cuándo y cómo. Hay que tener calma. Después de lo que sabes de la enfermedad de Ana, secreto que Benítez me impuso y que rompo por lo apurado del caso, después de saber que puede sucumbir ante una revelación semejante....
—¿Pero no es peor hacer lo que hace, que saber que yo lo sé? ¿Quién te asegura a ti que no me despreciará, que no procurará huir con el otro?
—¡Víctor, no seas majadero! El otro... es un zascandil. No hizo más que esperar que cayera el fruto de maduro.... Ella no está enamorada de Mesía.... En cuanto vea que es un cobarde y que la abandona antes que pelear por ella... le despreciará, le maldecirá... y en cambio los remordimientos la volverán a ti, a quien siempre quiso.
—¡Que quiso!—Sí, más que a un padre. ¿Qué mejor prueba quieres que todo lo pasado? ¿Por qué se hizo mística?... Y la pobre... también tuvo que sufrir ataques... creo yo, de otro lado... de... pero en fin, de esto no hablemos. ¿Por qué luchó, como luchó sin duda? Porque te quería... porque te quiere... te quiere mucho....
—¡Y me vende!—¡Te vende! ¡te vende!... En fin, no hablemos de eso... ya has dicho que no quieres mis filosofías. Ello es, que si armas arriba una escena de honor ultrajado, en seguida hay otra de entierro.
—¡Hombre dices las cosas de un modo!...