«El mundo sabe»—había dicho don Víctor—y estas palabras sugirieron a don Fermín otra mentira provechosa.

Pero antes dijo:—Don Víctor, no extraño que en su dolor usted no tenga tiempo ni fuerza para reflexionar... pero yo no he dicho que el mundo supiera... yo no soy el mundo; soy un confesor.

—¿Pero cree usted que Petra no habrá dicho?...

—Petra no; pero... por desgracia...—Además, lo que importa aquí es mi honra, no que el mundo sepa o ignore.... De todas maneras, pronto sabrá de mi venganza y se podrá enterar de todo.

Y se puso a dar vueltas por el despacho.

De Pas se levantó también.

—Por desgracia—continuó—la maledicencia se ha apoderado hace tiempo de ciertos rumores, de algo aparente....

Don Víctor rugió al gritar:

—¡Dios mío! ¿qué es esto? ¿esto más? ¿El mundo dice?... ¿Vetusta entera habla?...

Y se clavaba las uñas en la cabeza, mesándose las canas.