—¡Ya lo creo! ¡Reclamar la viudedad... ella... causa de la muerte del digno magistrado!
—Sería indigno.
—Indigno.
—Y ya no está bien que viva en el caserón de los Ozores.
—Claro, porque aunque se lo regaló su esposo, según dicen, él fue quien se lo compró a las tías de Ana, y no con bienes gananciales, sino vendiendo tierras en la Almunia.
—Sea como sea, ella no debía vivir en esa casa.
—De modo que no se sabe de qué vive.
—Vivirá de eso. De mantener en su casa a Frígilis, que pagará bien.
—Eso sí, porque él es un chiflado, que no tiene escrúpulos... pero es bueno.
—Bueno... relativamente—decía el Marqués que con la gota que le empezaba a molestar iba echando una moralidad severa y un humor negro como un carbón.