—De ninguna manera—apoyó doña Águeda.
—Lo contrario es dar a entender una malicia que no debes tener. Tu inocencia te sirve para tolerar todo eso.
—Así hacen Pilar, Emma y Lola.
—Pero...—Pero, hija...—Pero, si lo que no es de esperar....
—De ninguna manera...—Alguno se propasase a mayores, lo que se llama mayores, sobre todo, tomándolo en serio y obsequiándote (palabra de la juventud de doña Anuncia), obsequiándote en regla, entonces no te fíes; déjale decir, pero no te dejes tocar. Al que te proponga amores formales, no le toleres pellizcos, ni nada que no sea inofensivo. Escandalizarse es ridículo, es como no saber con qué se come alguna cosa....
—Es una falta de educación entre la clase....
—Y tolerar demasiado es exponerse. Tú no te has de casar con ninguno de ellos....
—Ni gana, tía—dijo Anita sin poder contenerse, pesándole en seguida de haberlo dicho.
Doña Águeda sonrió.
—Eso de la gana te lo guardas para ti—exclamó doña Anuncia, puesta en pie otra vez, y dejando caer el Werther al suelo.