—¿Qué hora es?—preguntó con voz ronca.

—Serán las diez, señorita.

—Y llueve.

Eufemia atendió al ruido de la calle.

—Sí, llueve.

—Vamos a salir.

—¡A salir!

—Sí, tú calla. Anda, tráeme un vestido tuyo, de percal, y un mantón tuyo y un pañuelo... vamos las dos de artesanas. Vamos al teatro, a la cazuela. Hoy hacen la... no me acuerdo cómo se llama; es una ópera nueva, muy buena, lo leí en el cartel al volver de misa, en la esquina del Ayuntamiento. Corre, vete por eso; oye, tráeme aquel alfiler del pelo, el de cabeza de dublé, que te costó dos reales. Ninguno de esos tipos está en casa.... Vamos a correrla todos.... Conque... ¡andando!


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