Un día el tío, oyéndoles insistir en comentar la curiosidad inútil de Reyes, se quedó pensativo.

No dijo nada, pero se dedicó a observar también al sobrino por afinidad. En la mesilla de noche de su alcoba vio unos libros que le dieron que pensar.

No eran versos, ni novelas, ni psicologías lógicas y éticas, que era lo que solía leer Bonis. Allí estaba un tomo de Los cien tratados, enciclopedia popular, que junto a un curso abreviado de la cría de gallinas y otras aves de corral, mostraba un compendio de Derecho civil. Sobre este tomo vio otro que decía: Laspra, Práctica forense, y otro con el rótulo: Código mercantil comentado.

¿Qué significaba aquello?

Al día siguiente Ferraz, el magistrado alegre, encontró a Nepomuceno en la calle, y le dijo:

—¿Van ustedes a tener algún pleito?

—¿Cómo pleito? ¿Con quién?

—Lo digo porque todas las tardes veo a Bonifacio echar grandes párrafos en La Oliva con el Papiniano de la quintana, con Cernuda el joven.

—¡Hola! ¿Con que esas tenemos?—pensó don Nepo; pero se guardó de decirlo. Y en voz alta, echando a broma el aviso, que en realidad le había alarmado, dijo:

—Pensará hacerse abogado y estará dando lección con Cernuda. Amigo, ahora que va a ser padre, quiere ser un sabio; estudia mucho.