[12] Tan español este ramo, que las mayólicas perpetúan hasta ahora con su nombre, el recuerdo de su origen: Mallorca.
[13] Una de las cédulas firmadas el 30 de abril de 1492 para facilitar el viaje de Colón, prometía á cuantos se embarcaran con él, no perseguirlos por sus delitos anteriores, hasta dos meses después de su regreso á la Península. Este procedimiento se volvió práctica consuetudinaria.
[14] De tal manera fué notable esa sustitución, que ya á mediados del siglo XVI, los lienzos rojos y azules de Suffolk dominaban en la Península. Lienzos blancos más finos, cotonía de toda clase, sedas, brocados, joyas, vinos, hasta trigo y lana en rama, se importó de Inglaterra. Las propiedades inglesas en España, alcanzaron á un total de 60.000 libras.
[15] Los escritores tácticos españoles, como Sancho de Londoño, Bernardino de Mendoza, Gutiérrez de la Vega, etc., alcanzaron renombre internacional.
[16] Las mismas casas soberanas iniciaban la evolución en tal sentido, siendo notables, desde este punto de vista, aquellos Médicis, cuyo carácter parecía sintetizar la orgía de vida y el salvaje individualismo del Renacimiento. Comerciantes, representaban bien con su soberanía la evolución social operada, siendo Cosme y Francisco, químicos distinguidos. De los dos, éste fué el primero que fabricó porcelana chinesca en Europa, y habiendo aprendido de Benvenuto Cellini el arte de falsificar zafiros y esmeraldas, lo aplicó en negocios, si no correctos, brillantes. Descartando á la fiera medioeval, rugiente á ratos bajo la urbanidad toscana, diríase que ese admirable déspota preludió vagamente á Luis XV, hasta con su querida—aquella Blanca Capello cuyas cualidades, así como su situación respecto á la consorte legítima, le dan un parecido tan grande con la Pompadour. España, con su quemadero de herejes y su devoción siniestra, era ciertamente la antípoda de aquel Estado.
[17] Ya hemos mencionado la expedición de los almogávares. Conviene recordar que la unión hispano-bizantina, venía desde los árabes, hasta tal punto, que el arte arábigo-español de la segunda mitad del siglo X, se llama del período bizantino. Estrechas relaciones unían al califato de Córdoba con el imperio griego. El alcázar de Zahra, cerca de esta última ciudad, fué construido por arquitectos de Bagdad y de Constantinopla que Abderramán había llamado en 936. La fuente jaspe con su cisne de oro, obra la más admirable de la sala del califa, era bizantina, y sobre ella estaba suspendida la famosa perla que éste había recibido en presente del basilio. Igual origen tenia otra fuente cincelada y dorada de los jardines. El imperio bizantino había llegado en el siglo X al apogeo de su gloria y de su cultura, siendo bajo este aspecto el centro del mundo; lo cual explica la influencia mencionada.
[18] Un dato más interesante aún: La iglesia de San Juan del Hospital, en Valencia, conserva la tumba de una basilias bizantina, doña Constanza, fallecida en 1313 como religiosa de Santa Bárbara, después de haber llevado la más novelesca existencia. Era hija natural reconocida del emperador Federico II de Hohenstaufen y de la piamontesa Blanca Lancia, es decir hermana del famoso Manfredo de Sicilia á quien Dante encontró en su Purgatorio (Canto III) biondo e bello e di gentile aspetto, y del poético Enzio. Casada en 1244 con Juan Ducas III, llamado Vatacio, el gran enemigo de la iglesia romana y de los francos, vióse pronto suplantada en el corazón de su marido por una dama italiana, la Marchesina, que era á la vez su gobernanta, pues la princesa no contaba sino doce años mientras el emperador era ya quincuagenario. La italiana subyugóle de tal modo, que su séquito llegó á superar al de la soberana legítima, teniendo derecho hasta para calzarse de púrpura como una emperatriz. Muerto Vatacio, sucedióle Teodoro Lascaris, hijo de un primer matrimonio, sin que por ello mejorara la suerte de Constanza, pues éste nególe siempre el permiso que con reiteración pidiera para volver á su patria, conservándola como un rehén contra los latinos de Constantinopla, á pesar de las reiteraciones de Manfredo. El advenimiento de Miguel Paleólogo en 1260-61, la encontró joven de treinta y dos á treinta y tres años, y seguramente hermosa, pues el nuevo emperador enamoróse locamente de ella. Entraba en las pretensiones matrimoniales que éste manifestó desde luego, su parte de razón política; puesto que aquel casamiento, dando nuevamente á Constanza el trono bizantino, eliminaba á Manfredo, ya rey de Sicilia, de la liga latina formada para la reconquista de Constantinopla—echándole del lado griego. Pero el Paleólogo era casado, y su mujer, la basilias Teodora, madre de siete hijos, negábase obstinadamente al divorcio. El patriarca de Constantinopla púsose de su parte, amenazando al emperador con la excomunión. Decidido éste, entonces, á apartarse del objeto de su amor, canjeó á la desventurada princesa por el césar Stratigoponlos, prisionero de Manfredo, regresando aquélla á su tierra natal en 1263. Dos años, apenas, permaneció con su hermano, debiendo huir al cabo de este tiempo, ante la invasión del reino de Nápoles por Carlos de Anjou. Trofeo de los angevinos, como toda la familia de su hermano, fué quizá la única que no murió prisionera. En 1269 pasó á España con autorización de los vencedores, sin duda, siendo bien recibida por el infante don Pedro de Aragón, casado con una sobrina suya de su mismo nombre. Profesó en el monasterio de Santa Bárbara, en Valencia, donde vivió muchos años todavía.
Pido excusas al lector por la longitud de esta nota, en gracia del interés histórico que encierra.
[19] No obstante, he creído encontrar en las Mil y Una Noches (noche 132.ª trad. de J. C. Mardrus) el origen arábigo de este género; pues la «Historia de los Artificios de Dalila la Bribona», me parece un dechado de cuento picaresco. El libro en cuestión, ó por lo menos los cuentos que lo forman, debieron de ser populares en España, si se considera las estrechas relaciones de Córdoba con Bagdad. La pícara Dalila, resultaría, así, una abuela árabe de Justina y de Urdematas.
[20] El Lazarillo de Tormes, tronco de la familia, y primero entre las treinta y tres perlas que la forman, alcanzó más de 60 ediciones en diversas lenguas, desde 1554, fecha de su aparición, hasta 1700.