[39] Esto fué en progreso creciente; pues Campomanes estimaba los religiosos de ambos sexos de su tiempo, en 200.000 individuos. Ciento treinta años antes, añade, es decir en 1622, pues se refiere á 1752, ascendían á sólo 60.000.

[40] En el acta de independencia de Holanda, los Estados Generales habían puesto, sin embargo, la significativa declaración de que «los pueblos no estaban hechos para los príncipes, sino los príncipes para los pueblos.»

[41] Alguna vez he mencionado las correcciones hechas al Breviario, en 1631, por los jesuitas Galucci, Strada y Petrucci, de orden de Urbano VIII. Llegaron á 900, y suprimieron cuanto en la poesía mística de los primeros siglos fué audacia de expresión, neologismo, forma nueva: todo quedó nivelado al cartabón pedante del humanismo.

[42] Véase en el capítulo V la participación de los franciscanos en la revolución Comunera. La análoga de Aragón, que tuvo por víctima expiatoria á Lanuza, parece que no les fué tampoco antipática, según era lógico, dado el carácter popular de la Orden. Fueron sus miembros quienes dieron sepultura á los restos del desgraciado Justicia.

II
El futuro imperio y su habitante.

El territorio que á los ochenta y cuatro años de su descubrimiento formaría el centro del Imperio Jesuítico, parecía realizar con su belleza las leyendas circulantes en la España conquistadora, sobre aquel Nuevo Mundo tan manso y tan profícuo.

Si Colón se había creído en las inmediaciones del Paraíso al tocar la costa firme, arrebatada su misma imaginación de comerciante con la maravilla tropical, los conquistadores que entraron al centro del Continente por el Plata y por el Sur del Brasil, pudieron suponer lo propio.

Menos grandioso el paisaje, pero más poético; añadiendo los encantos del clima y del acceso fácil á su gracia original, y alternando en discreta proporción el bosque virgen con la llanura, el río enorme con el arroyo pintoresco, su belleza se adaptaba mucho mejor á aquellos temperamentos meridionales.

Por grande que fuera su rudeza, el entusiasmo debió llegar á lo grandioso, si se considera el fondo místico de la empresa y sus contornos épicos. La geografía, recién escapada á las invenciones medievales, que durante mil años estuvieron tomando de Plinio cuanto hay en éste de más quimérico, aumentaba con lo incierto de sus datos la impresión legendaria.