Y al fin me les escapé

Con el hilo de una pata.

La miseria continúa haciendo estragos, hasta que un doble episodio de iniquidad, decide la fuga del protagonista. El cantinero del fortín, asociado con el coronel, explotaba vilmente a la soldadesca. Véase con qué malicia socarrona, con qué viril menosprecio de la trapacería, refiere el gaucho su percance. Reir de la mala suerte, vengándose de los enemigos despreciables con la ironía, es también una condición de los bravos.

Nos tenía apuntaos a todos,

Con más cuentas que un rosario,

Cuando se anunció un salario

Que iban a dar, o un socorro;

Pero sabe Dios qué zorro

Se lo comió al comisario.

Pues nunca lo ví llegar;