El cuero a cualquiera lobo,
Y hago un poncho, si lo sobo,
Mejor que poncho engomao.
Estas gallardas estrofas cuya desembarazada entereza conforta como un trago de vino, no excluyen la desolación inherente a tan desesperada aventura. La despedida a la civilización que esos dos perseguidos abandonan, está impregnada de tristeza viril.
Cruz y Fierro, de una estancia
Una tropilla se arriaron;
Por delante se la echaron
Como criollos entendidos,
Y pronto, sin ser sentidos,
Por la frontera cruzaron.