En árbol que no da flor.

La nota picaresca termina el preludio con estos otros versos, en los cuales reconocemos aquel lenguaje que tan bien sabe aparejar la belleza del sentimiento a la intencionada burla del filósofo amable. Así, en la guitarra, la profundidad sorda de las cuerdas viriles, con el numeroso trino de los nervios delgados:

Dejenmé tomar un trago,

Estas son otras cuarenta; [72]

Mi garganta está sedienta,

Y de esto no me abochorno,

Pues el viejo, como el horno,

Por la boca se calienta.

El argumento es, como siempre, sencillo: la lógica natural de la vida narrada.