Lo agarré a la treinta y una
Y le daba bola vista.
Los gringos buhoneros, solían acompañarse con uno de esos músicos ambulantes, para atraer clientela y jugar a medias en las pulperías. Ya dije, al tratar de la poesía gaucha, que ambos personajes, adecuados naturalmente a nuestro medio y nuestras costumbres, reproducían la clásica pareja provenzal y arábiga del trovador con su juglar. El arpista, generalmente santiagueño, era también un poco brujo: condición de juglar a su vez; soliendo contribuir no poco al prestigio de su profesión, la lengua quichua que en sus ensalmos usaba. El despojo del malaventurado comerciante, chispea de malicia gaucha:
Lo hubieran visto afligido
Llorar por las chucherías:
"Ma gañao con picardía",
Decía el gringo y lagrimiaba,
Mientras yo en un poncho alzaba
Todita su merchería.
Ahí se presenta la policía, y esto forma un trozo que es necesario citar completo para gozar debidamente su refocilo: