—No, señor; ha salido.
—¿Volverá pronto?
—No ha dicho nada.
—Porque si volviera pronto, añadí insistiendo, le pediría permiso para esperarle en su cuarto. Soy su amigo íntimo y tengo algo urgente que comunicarle.
—Á veces no vuelve en toda la noche.
Esta evasiva me reveló que se trataba de una consigna, y decidí retirarme sin insistir. Volví el jueves, el viernes, con igual resultado. Juan no quería recibirme, y esto, francamente, me exasperaba. El sábado me tendría fuerte, vencería mi curiosidad, no iría. El sábado á las nueve de la noche había dominado aquella puerilidad. Juan en persona me abrió.
—Perdona; sé que me has buscado; no estaba; tenía que salir todas las noches.
—Sí; te has convertido en personaje misterioso.
—Veo que mi descubrimiento te interesa de veras.