—Hablemos en serio. Vas á ver una cosa interesante. 'Vas á ver, óyelo bien. No se trata de teorías. Las notas poseen cada cual su color, no arbitrario, sino real. Alucinaciones y chifladuras nada tienen que ver con esto. Los aparatos no mienten, y mi aparato hace perceptibles los colores de la música. Tres años antes de conocerte, emprendí las experiencias coronadas hoy por el éxito. Nadie lo sabía en casa, donde, por otra parte, la independencia era grande, como recordarás. Casa de viudo con hijos mayores... Dicho esto en forma de disculpa por mi reserva, que espero no atribuyas á desconfianza, quiero hacerte una descripción de mis procedimientos, antes de empezar mi pequeña fiesta científica.

Encendimos los cigarrillos y Juan continuó.

—Sabemos por la teoría de la unidad de la fuerza, que el movimiento es, según los casos, luz, calor, sonido, etc.; dependiendo estas diferencias—que esencialmente no existen, pues son únicamente modos de percepción de nuestro sistema nervioso—del mayor ó menor número de vibraciones de la onda etérea.

“Así, pues, en todo sonido hay luz, calor, electricidad latentes, como en toda luz hay á su vez electricidad, calor y sonido. El ultra violeta del espectro, señala el limite de la luz y es ya calor, que cuando llegue á cierto grado se convertirá en luz... Y la electricidad igualmente. ¿Por qué no ocurriría lo mismo con el sonido? me dije; y desde aquel momento quedó planteado mi problema.”

“La escala musical está representada por una serie de números cuya proporción, tomando al do como unidad, es bien conocida; pues la armonía se halla constituida por proporciones de número, ó en otros términos se compone de la relación de las vibraciones aéreas por un acorde de movimientos desemejantes.”

“En todas las músicas sucede lo mismo, cualquiera que sea su desarrollo. Los griegos que no conocían sino tres de las consonancias de la escala, llegaban á idénticas proporciones: 1 á 2, 3 á 2, 4 á 3. Es, como observas, matemático. Entre las ondulaciones de la luz tiene que haber una relación igual, y es ya vieja la comparación. El 1 del do, está representado por las vibraciones de 369 millonésimas de milímetro que engendran el violado, y el 2 de la octava por el duplo; es decir, por las de 738 que producen el rojo. Las demás notas, corresponden cada una á un color.”

“Ahora bien, mi raciocinio se efectuaba de este modo.”

“Cuando oímos un sonido, no miramos la luz, no palpamos el calor, no sentimos la electricidad que produce, porque las ondas caloríficas, luminosas y eléctricas son imperceptibles por su propia amplitud. Por la misma razón no oímos cantar la luz, aunque la luz canta real y verdaderamente, cuando sus vibraciones que constituyen los colores, forman proporciones armónicas. Cada percepción tiene un límite de intensidad, pasado el cual se convierte en impercepción para nosotros. Estos límites no son coincidentes en la mayoría de los casos, lo cual obedece al progresivo trabajo de diferenciación efectuado por los sentidos en los organismos superiores; de tal modo que si al producirse una vibración, no percibimos más que uno de los movimientos engendrados, es porque los otros, ó han pasado el limite máximo, ó no han alcanzado el límite mínimo de la percepción. Á veces se consigue, sin embargo, la simultaneidad. Así, vemos el color de una luz, palpamos su calor y medimos su electricidad...”

Todo esto era lógico; pero en cuanto al sonido, tenía una objeción muy sencilla que hacer y la hice: