Si mis teorías parecen demasiado audaces, basta con reflexionar que el silogismo, ó sea el argumento lógico fundamental, no es extraño á la mente de muchos animales. Como que el silogismo es originariamente una comparación entre dos sensaciones. Si no, ¿por qué los animales, que conocen al hombre huyen de él, y no los que nunca le conocieron?...

Comencé, entonces, la educación fonética de Yzur.

Tratábase de enseñarle primero la palabra mecánica, para llevarlo progresivamente á la palabra sensata.

Poseyendo el mono la voz, es decir, llevando esto de ventaja al sordomudo, con más ciertas articulaciones rudimentarias,—tratábase de enseñarle las modificaciones de aquélla, que constituyen los fonemas y su articulación, llamada por los maestros estática ó dinámica, según que se refiera á las vocales ó á las consonantes.

Dada la glotonería del mono, y siguiendo en esto un método empleado por Heinicke con los sordomudos, decidí asociar cada vocal con una golosina: a con papa; e con leche; i con vino; o con coco; u con azúcar—haciendo de modo que la vocal estuviese contenida en el nombre de la golosina, ora con dominio único y repetido como en papa, coco, leche, ora reuniendo los dos acentos, tónico y prosódico, es decir como sonido fundamental: vino, azúcar.

Todo anduvo bien, mientras se trató de las vocales, ó sea los sonidos que se forma con la boca abierta. Yzur los aprendió en quince días. Sólo que á veces, el aire contenido en sus abazones les daba una rotundidad de trueno. La u fué lo que más le costó pronunciar.

Las consonantes me dieron un trabajo endemoniado, y á poco hube de comprender que nunca llegaría á pronunciar aquéllas en cuya formación entran los dientes y las encías. Sus largos colmillos y sus abazones, lo estorbaban enteramente.

El vocabulario quedaba reducido, entonces, á las cinco vocales; la b, la k, la m, la g, la f y la c, es decir todas aquellas consonantes en cuya formación no intervienen sino el paladar y la lengua.

Aun para esto no me bastó el oído. Hube de recurrir al tacto como con un sordomudo, apoyando su mano en mi pecho y luego en el suyo para que sintiera las vibraciones del sonido.