Newcomb supone, basándose sobre las paralajes de las estrellas y por medio de complicados cálculos cuyo resumen es imposible sin confusión, que nuestro universo es una esfera de siete mil millones de millones de leguas de radio[21]. Sin aceptar especialmente ningún cálculo, opinamos que nuestro universo es limitado en efecto, es decir un organismo en evolución por enorme que se lo considere; si bien esto no supone que rechacemos la eterna actividad del cosmos en el infinito[22].

Nuestra teoría va apoyada en todo su desarrollo por hechos científicos, desde el rayo primordial hasta la generación de los átomos; consistiendo su diferencia con el criterio positivista, en que no hace distinción fundamental entre fuerza y materia, ó considera pues los elementos permutables y provenientes de una sola causa: la energía absoluta. Salvo esta última parte, la ciencia va aceptando la identidad substancial de fuerza y materia é inclinándose más á nuestra definición: materia es todo lo objetivo, sea ó no ponderable. La electricidad y el radium le imponen esta conclusión.

Los estados de la materia y de la conciencia, así como la generación de unos elementos por otros, puesto que la vida, como hemos dicho, es un perpetuo cambiar de estado, explican mejor la evolución total del universo que la hipótesis cosmogónica de la ciencia, sin subordinarla exclusivamente á la materia ni al azar que es lo arbitrario, antes conciliando el doble aspecto substancial de los fenómenos y dando á su producción inicial un carácter determinista; todo lo cual es, por cierto, mucho más filosófico y aceptable.

Expresaremos, para concluir este capítulo, algo que acentúa aun el carácter científico de la teoría.

Apenas la luz primordial se individualiza, comienza ya en el espacio la lucha por la vida (la absorción de unas ruedas por otras) que acarrea de consiguiente la supervivencia de los más aptos, principio progresivo de toda evolución; lo que está lejos de suceder en la demasiado perfecta maquinaria de la nebulosa de Laplace. Las leyes de la vida, ya lo hemos dicho, son las mismas para el insecto que para la nebulosa.

El lector está ya lo bastante informado para elegir entre esa hipótesis ó la nuestra; entre el proceso puramente material, ó el cambio de estado de la absoluta energía, que al volverse materia engendra simultáneamente al tiempo y al espacio, ó mejor dicho la extensión por el movimiento; la magnitud, la forma, el átomo, es decir los fundamentos del universo bajo sus múltiples aspectos de ideación, de conciencia, de número y de objetividad.

Veamos ahora cómo prosiguió la evolución de ese universo.

SEXTA LECCIÓN

LA VIDA DE LA MATERIA

Al adquirir la tercera dimensión, las lentejas se hacen perceptibles bajo la forma de copos de luz blanca, pues mientras fueron simples cambios de estado de la energía, tuvieron una existencia tan invisible como la de las “luces” α, β, γ que la ciencia conoce ahora. Entonces es cuando empieza á haber propiamente materia y fuerza, y á desarrollarse fenómenos más familiares para nosotros.