EL MEJOR ALCALDE, EL REY

El texto que damos es reproducción del que aparece en la "Veinte y una parte verdadera de las comedias del fénix de España Frei Lope Félix de Vega Carpio, del Abito de San Iuan, Familiar del Santo Oficio de la Inquisición, Procurador Fiscal de la Cámara Apostolica, sacadas de sus originales... Año 1635. Con privilegio. En Madrid, Por la Viuda de Alonso Martin. A costa de Diego Logroño, mercader de libros," corregido alguna rara vez y completado por la impresión suelta siguiente: "Núm. 16.—Comedia famosa—El mejor alcalde—el rey—de Lope de Vega Carpio... Fin.—Hallaráse esta comedia y otras de diferentes títulos en Madrid en la librería de Antonio Sanz, en la Plazuela de la Calle de la Paz. Año de 1741."

FAMOSA COMEDIA

EL MEJOR ALCALDE, EL REY

DE FREY LOPE DE VEGA CARPIO

PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA

Sancho.Elvira.El Cnde don Pedro.
Don Tello. Feliciana.Enrique.
Celio.Juana.Brito.
Julio.Leonor.Fileno.
Nuño.El Rey de León. Pelayo.

ACTO PRIMERO

Sale Sancho.
Sancho. Nobles campos de Galicia,
Que a sombras destas montañas,
Que el Sil entre verdes cañas[88]
Llevar la falda codicia,
Dais sustento a la milicia
De flores de mil colores;
Aves que cantáis amores,
Fieras que andáis sin gobierno,
¿Habéis visto amor más tierno
En aves, fieras y flores?
Mas como no podéis ver
Otra cosa, en cuanto mira
El sol, más bella que Elvira,
Ni otra cosa puede haber;
Porque, habiendo de nacer
De su hermosura, en rigor,
Mi amor, que de su favor
Tan alta gloria procura,
No habiendo más hermosura,
No puede haber más amor.
¡Ojalá, dulce señora,
Que tu hermosura pudiera
Crecer, porque en mí creciera
El amor que tengo agora!
Pero, hermosa labradora,
Si en ti no puede crecer
La hermosura, ni el querer
En mí, cuanto eres hermosa
Te quiero, porque no hay cosa
Que más pueda encarecer.
Ayer, las blancas arenas
Deste arroyuelo volviste
Perlas, cuando en él pusiste
Tus pies, tus dos azucenas;
Y porque verlos apenas
Pude, porque nunca pára,[89]
Le dije al sol de tu cara,
Con que tanta luz le das,
Que mirase el agua más[90]
Porque se viese más clara.
Lavaste, Elvira, unos paños,
Que nunca blancos volvías,
Que las manos que ponías
Causaban estos engaños;
Yo, detrás destos castaños,
Te miraba con temor,
Y vi que amor, por favor,
Te daba a lavar su venda:
El cielo el mundo defienda,[91]
Que anda sin venda el amor.
¡Ay, Dios! ¡Cuándo será el día,
Que me tengo de morir,
Que te pueda yo decir:
¡Elvira, toda eres mía!
¡Qué regalos te diría!
Porque yo no soy tan necio
Que no te tuviese en precio,
Siempre con más afición;
Que en tan rica posesión
No puede caber desprecio.
Sale Elvira.
Elvira. Por aquí Sancho bajaba
O me ha burlado el deseo;
A la fe que allí le veo,
Que el alma me le mostraba.
El arroyuelo miraba
Adonde ayer me miró:
¿Si piensa que allí quedó
Alguna sombra de mí?
Que me enojé cuando vi
Que entre las aguas me vió.—
¿Qué buscas por los cristales
Destos libres arroyuelos,
Sancho, que guarden los cielos,
Cada vez que al campo sales?
¿Has hallado unos corales
Que en esta margen perdí?
Sancho. Hallarme quisiera a mí,
Que me perdí desde ayer;
Pero ya me vengo a ver,
Pues me vengo a hallar en ti.
Elvira. Pienso que ayudarme vienes[92]
A ver si los puedo hallar.
Sancho. ¡Bueno es venir a buscar
Lo que en las mejillas tienes!
¿Son achaques o desdenes?[93]
¡Albricias, ya los hallé!
Elvira. ¿Dónde?
Sancho. En tu boca, a la he,[94]
Y con estremos de plata.
Elvira. Desvíate.
Sancho. ¡Siempre ingrata
A la lealtad de mi fe!
Elvira. Sancho, estás muy atrevido.
Dime tú: ¿qué más hicieras
Si por ventura estuvieras
En vísperas de marido?
Sancho. Eso, ¿cúya culpa ha sido?
Elvira. Tuya, a la fe.
Sancho. ¿Mía? No.
Ya te lo dije, y te habló
El alma, y no respondiste.
Elvira. ¿Qué más respuesta quisiste
Que no responderte yo?
Sancho. Los dos culpados estamos.
Elvira. Sancho, pues tan cuerdo eres,
Advierte que las mujeres
Hablamos cuando callamos,
Concedemos si negamos:
Por esto, y por lo que ves,
Nunca crédito nos des,
Ni crueles ni amorosas;
Porque todas nuestras cosas
Se han de entender al revés.
Sancho. Según eso, das licencia
Que a Nuño te pida aquí.
¿Callas? Luego dices sí.
Basta: ya entiendo la ciencia.
Elvira. Sí; pero ten advertencia
Que no digas que yo quiero.
Sancho. Él viene.
Elvira. El suceso espero
Detrás de aquel olmo.
Sancho. ¡Ay, Dios,
Si nos juntase a los dos,
Porque si no, yo me muero!
Escóndese Elvira y salen Nuño y Pelayo.
Nuño. Tú sirves de tal manera,
Que será mejor buscar,
Pelayo, quien sepa andar
Más despierto en la ribera.
¿Tienes algún descontento
En mi casa?
Pelayo. Dios lo sabe.
Nuño. Pues hoy tu servicio acabe,
Que el servir no es casamiento.
Pelayo. Antes lo debe de ser.
Nuño. Los puercos traes perdidos.
Pelayo. Donde lo están los sentidos,
¿Qué otra cosa puede haber?
Escúchame: yo quijera[95]
Emparentarme...
Nuño. Prosigue
De suerte que no me obligue
Tu ignorancia...
Pelayo. Un poco espera,
Que no es fácil de decir.
Nuño. De esa manera, de hacer
Será difícil.
Pelayo. Ayer
Me dijo Elvira al salir:
"A fe, Pelayo, que están
Gordos los puercos."
Nuño. Pues bien;
¿Qué la respondistes?
Pelayo. Amen,
Como dice el sacristán.
Nuño. Pues; ¿qué se saca de ahí?
Pelayo. ¿No lo entiende?
Nuño. ¿Cómo puedo?
Pelayo. Estó por perder el miedo.
Sancho. ¡Oh, si se fuese de aquí![96]
Pelayo. ¿No ve que es resquiebro, y muestra
Querer casarse conmigo?
Nuño. ¡Vive Dios!...
Pelayo. No te lo digo,
Ya que fué ventura nuestra,
Para que tomes collera.[97]
Nuño. Sancho, ¿tú estabas aquí?
Sancho. Y quisiera hablarte.
Nuño. Di.
Pelayo, un instante espera.
Sancho. Nuño, mis padres fueron como sabes,
Y supuesto que pobres labradores,[98]
De honrado estilo y de costumbres graves.
Pelayo. Sancho, vos que sabéis cosas de amores,
Decir una mujer hermosa y rica
A un hombre que es galán como unas frores:
"Gordos están los puercos", ¿no inifica
Que se quiere casar con aquel hombre?
Sancho. ¡Bien el requiebro al casamiento aplica!
Nuño. ¡Bestia, vete de aquí!
Sancho. Pues ya su nombre
Supiste y su nobleza, no presumo
Que tan honesto amor la tuya asombre,
Por Elvira me abraso y me consumo.
Pelayo. Hay hombre que el ganado trai tan fraco,
Que parece tasajo puesto al humo;
Yo, cuando al campo los cochinos saco...
Nuño. ¿Aquí te estás, villano? ¡Vive el cielo!...
Pelayo. ¿Habro de Elvira yo, son del varraco?[99]
Sancho. Sabido, pues, señor, mi justo celo...
Pelayo. Sabido, pues, señor, que me resquiebra...
Nuño. ¿Tiene mayor salvaje el indio suelo?
Sancho. El matrimonio de los dos celebra.
Pelayo. Cochino traigo yo por esa orilla...
Nuño. Ya la cabeza el bárbaro me quiebra.
Pelayo. Que puede ser maeso de capilla,
Si bien tiene la voz desentonada,
Y más cuando entra y sale de la villa.
Nuño. ¿Quiérelo Elvira?
Sancho. De mi amor pagada,
Me dió licencia para hablarte ahora.
Nuño. Ella será dichosamente honrada,
Pues sabe las virtudes que atesora,
Sancho, tu gran valor, y que pudiera
Llegar a merecer cualquier señora.
Pelayo. Con cuatro o seis cochinos que toviera,
Que éstos parieran otros, en seis años
Pudiera yo labrar una cochera.
Nuño. Tú sirves a don Tello en sus rebaños;
Es señor desta tierra, y poderoso
En Galicia y en reinos más estraños:
Decirle tu intención será forzoso,
Así porque eres, Sancho, su criado,
Como por ser tan rico y dadivoso.
Daráte alguna parte del ganado;
Porque es tan poco el dote de mi Elvira,
Que has menester estar enamorado.
Esa casilla mal labrada mira
En medio de esos campos, cuyos techos
El humo tiñe porque no respira.[100]
Están lejos de aquí cuatro barbechos,
Diez o doce castaños: todo es nada
Si el señor desta tierra no te ayuda
Con un vestido o con alguna espada.
Sancho. Pésame que mi amor pongas en duda.
Pelayo. ¡Voto al sol!, que se casa con Elvira.
Aquí la dejo yo; mi amor se muda.
Sancho. ¿Qué mayor interés que al que suspira
Por su belleza, darle su belleza,
Milagro celestial que al mundo admira?
No es tanta de mi ingenio la rudeza,[101]
Que más que la virtud me mueva el dote.
Nuño. Hablar con tus señores no es bajeza,
Ni el pedirles que te honren te alborote;
Que él y su hermana pueden fácilmente,
Sin que esto, Sancho, a más que amor se note.
Sancho. Yo voy de mala gana; finalmente,
Iré, pues tú lo mandas.[2]
Nuño. Pues el cielo,
Sancho, tu vida y sucesión aumente.
Ven, Pelayo, conmigo.[2]
Pelayo. Pues ¿tan presto
Le diste a Elvira, estando yo delante?
Nuño. ¿No es Sancho mozo noble y bien nacido?[102]
Pelayo. No le tiene el aldea semejante
Si va a decir verdad; pero, en efeto,
Fuera en tu casa yo más importante,
Porque te diera cada mes un nieto.
Vanse Nuño y Pelayo.
Sancho. Sal, hermosa prenda mía;
Sal, Elvira de mis ojos.
Sale Elvira.
Elvira. ¡Ay, Dios! ¡Con cuántos enojos
Teme amor y desconfía!
Que la esperanza prendada,
Presa de un cabello está.
Sancho. Tu padre dice que ya
Tiene la palabra dada
A un criado de don Tello:
¡Mira qué estrañas mudanzas!
Elvira. No en balde mis esperanzas
Colgaba amor de un cabello.
¿Que mi padre me ha casado,
Sancho, con hombre escudero?
Hoy pierdo la vida, hoy muero.
Vivid, mi dulce cuidado;
Que yo me daré la muerte.
Sancho. Paso, que me burlo, Elvira.
El alma en los ojos mira;
Dellos la verdad advierte;
Que, sin admitir espacio,
Dijo mil veces que sí.
Elvira. Sancho, no lloro por ti,
Sino por ir a palacio;
Que el criarme en la llaneza[103]
Desta humilde casería,
Era cosa que podía
Causarme mayor tristeza.
Y que es causa justa advierte.
Sancho. ¡Qué necio amor me ha engañado!
Vivid, mi necio cuidado;
Que yo me daré la muerte.
Engaños fueron de Elvira,
En cuya nieve me abraso.
Elvira. Sancho, que me burlo, paso.
El alma en los ojos mira;
Que amor y sus esperanzas
Me han dado aquesta lición:
Su propia difinición
Es que amor todo es venganzas.
Sancho. Luego ¿ya soy tu marido?
Elvira. ¿No dices que está tratado?
Sancho. Tu padre, Elvira, me ha dado
Consejo, aunque no le pido:
Que a don Tello, mi señor
Y señor de aquesta tierra,
Poderoso en paz y en guerra,
Quiere que pida favor;
Y aunque yo contigo, Elvira,
Tengo toda la riqueza
Del mundo (que en tu belleza
El sol las dos Indias mira),
Dice Nuño que es razón
Por ser mi dueño; en efeto,
Es viejo y hombre discreto,
Y que merece opinión
Por ser tu padre también.
Mis ojos, a hablarle voy.
Elvira. Y yo esperándote estoy.
Sancho. Plega al cielo que me den
El y su hermana mil cosas!
Elvira. Basta darle cuenta desto.
Sancho. La vida y el alma he puesto
En esas manos hermosas.
Dame siquiera la una.
Elvira. Tuya ha de ser: vesla aquí.
Sancho. ¿Qué puede hacer contra mí,
Si la tengo, la fortuna?
Tú verás mi sentimiento
Después de tanto favor;
Que me ha enseñado el amor
A tener entendimiento.
Vanse, y sale Don Tello, de caza; y Celio y Julio, criados.
D. Tell. Tomad el venablo allá.
Celio. ¡Qué bien te has entretenido!
Julio. Famosa la caza ha sido.
D. Tell. Tan alegre el campo está,
Que sólo ver sus colores
Es fiesta.
Celio. ¡Con qué desvelos
Procuran los arroyuelos
Besar los pies a las flores!
D. Tell. Da de comer a esos perros,
Celio, así te ayude Dios.
Celio. Bien escalaron los dos
Las puntas de aquellos cerros.
Julio. Son famosos.
Celio. Florisel
Es deste campo la flor.
D. Tell. No lo hace mal Canamor.[104]
Julio. Es un famoso lebrel.
Celio. Ya mi señora y tu hermana
Te han sentido.[105]
Sale Feliciana.
D. Tell. ¡Qué cuidados
De amor, y qué bien pagados
De mis ojos, Feliciana!
¡Tantos desvelos por vos!
Felic. Yo lo estoy de tal manera,[106]
Mi señor, cuando estáis fuera,
Por vos, como sabe Dios.
No hay cosa que no me enoje;
El sueño, el descanso dejo:
No hay liebre, no hay vil conejo
Que fiera no se me antoje.
D. Tell. En los montes de Galicia,
Hermana, no suele haber
Fieras, puesto que el tener[107]
Poca edad, fieras codicia.
Salir suele un jabalí
De entre esos montes espesos,
Cuyos dichosos sucesos
Tal vez celebrarles vi.
Fieras son, que junto al anca
Del caballo más valiente,
Al sabueso con el diente
Suelen abrir la carlanca.
Y tan mal la furia aplacan,
Que, para decirlo en suma,
Truecan la caliente espuma
En la sangre que le sacan.
También el oso que en pie
Acomete al cazador
Con tan estraño furor,
Que muchas veces se ve
Dar con el hombre en el suelo.
Pero la caza ordinaria
Es humilde cuanto varia,
Para no tentar al cielo;
Es digna de caballeros
Y príncipes, porque encierra
Los preceptos de la guerra
Y ejercita los aceros
Y la persona habilita.
Felic. Como yo os viera casado,
No me diera ese cuidado,
Que tantos sueños me quita.
D. Tell. El ser aquí poderoso
No me da tan cerca igual.
Felic. No os estaba aquí tan mal
De algún señor generoso
La hija.
D. Tell. Pienso que quieres
Reprehender no haber pensado
En casarte, que es cuidado
Que nace con las mujeres.
Felic. Engáñaste, por tu vida;
Que sólo tu bien deseo.
Salen Sancho y Pelayo.
Pelayo. Entra, que solos los veo;
No hay persona que lo empida.
Sancho. Bien dices: de casa son
Los que con ellos están.
Pelayo. Tú verás lo que te dan.
Sancho. Yo cumplo mi obligación.—
Noble, ilustrísimo Tello,
Y tú, hermosa Feliciana,
Señores de aquesta tierra,
Que os ama por tantas causas,
Dad vuestros pies generosos
A Sancho, Sancho el que guarda
Vuestros ganados y huerta,
Oficio humilde en tal casa.
Pero en Galicia, señores,
Es la gente tan hidalga,
Que sólo en servir al rico
El que es pobre no le iguala.
Pobre soy, y en este oficio
Que os he dicho, cosa es clara
Que no me conoceréis,
Porque los criados pasan
De ciento y treinta personas,
Que vuestra ración aguardan
Y vuestro salario esperan;
Pero tal vez en la caza
Presumo que me habréis visto.
D. Tell. Sí he visto, y siempre me agrada[108]
Vuestra persona, y os quiero
Bien.
Sancho. Aquí, por merced tanta,
Os beso los pies mil veces.
D. Tell. ¿Qué quieres?
Sancho. Gran señor, pasan
Los años con tanta furia,
Que parece que con cartas
Van por la posta a la muerte,
Y que una breve posada
Tiene la vida a la noche,
Y la muerte a la mañana.
Vivo solo; fué mi padre
Hombre de bien, que pasaba
Sin servir; acaba en mí
La sucesión de mi casa.
He tratado de casarme
Con una doncella honrada,
Hija de Nuño de Aibar,
Hombre que sus campos labra,
Pero que aun tiene paveses
En las ya borradas armas
De su portal, y con ellas,
De aquel tiempo, algunas lanzas.
Esto y la virtud de Elvira
(Que así la novia se llama)
Me han obligado: ella quiere,
Su padre también se agrada;
Mas no sin licencia vuestra,
Que me dijo esta mañana
Que el señor ha de saber
Cuanto se hace y cuanto pasa
Desde el vasallo más vil
A la persona más alta
Que de su salario vive,
Y que los reyes se engañan
Si no reparan en esto,
Que pocas veces reparan.
Yo, señor, tomé el consejo,
Y vengo, como él lo manda,
A deciros que me caso.
D. Tell. Nuño es discreto, y no basta
Razón a tan buen consejo.
Celio...
Celio. Señor...
D. Tell. Veinte vacas
Y cien ovejas darás
A Sancho, a quien yo y mi hermana
Habemos de honrar la boda.
Sancho. ¡Tanta merced!
Pelayo. ¡Merced tanta!
Sancho. ¡Tan grande bien!
Pelayo. ¡Bien tan grande!
Sancho. ¡Rara virtud!
Pelayo. ¡Virtud rara!
Sancho. ¡Alto valor!
Pelayo. ¡Valor alto!
Sancho. ¡Santa piedad!
Pelayo. ¡Piedad santa!
D. Tell. ¿Quién es este labrador
Que os responde y acompaña?
Pelayo. Soy el que dice al revés
Todas las cosas que habra.
Sancho. Señor, de Nuño es criado.
Pelayo. Señor, en una palabra,
El pródigo soy de Nuño.
D. Tell. ¿Quién?
Pelayo. El que sus puercos guarda.
Vengo también a pediros
Mercedes.
D. Tell. ¿Con quién te casas?
Pelayo. Señor, no me caso ahora;
Mas, por si el diabro me engaña,
Os vengo a pedir carneros,
Para si después me faltan;
Que un astrólogo me dijo
Una vez en Masalanca
Que tenía peligro en toros,
Y en agua tanta desgracia,
Que desde entonces no quiero
Casarme ni beber agua,
Por escusar el peligro.
Felic. Buen labrador.
D. Tell. Humor gasta.
Felic. Id, Sancho, en buen hora. Y tú
Haz que a su cortijo vayan
Las vacas y las ovejas.
Sancho. Mi corta lengua no alaba
Tu grandeza.
D. Tell. ¿Cuándo quieres
Desposarte?
Sancho. Amor me manda
Que sea esta misma noche.
D. Tell. Pues ya los rayos desmaya
El sol, y entre nubes de oro
Veloz al poniente baja,
Vete a prevenir la boda,
Que allá iremos yo y mi hermana.
¡Hola! pongan la carroza.
Sancho. Obligada llevo el alma
Y la lengua, gran señor,
Para tu eterna alabanza.
[Vase.]
Felic. En fin, vos, ¿no os casaréis?
Pelayo. Yo, señora, me casaba
Con la novia deste mozo,
Que es una lumpia zagala,
Si la hay en toda Galicia;
Supo que puercos guardaba,
Y desechóme por puerco.
Felic. Id con Dios, que no se engaña.
Pelayo. Todos guardamos, señora,
Lo que...
Felic. ¿Qué?
Pelayo. Lo que nos mandan
Nuestros padres que guardemos.
[Vase.]
Felic. El mentecato me agrada.
Celio. Ya que es ido el labrador,
Que no es necio en lo que habla.
Prometo a Vueseñoría[109]
Que es la moza más gallarda
Que hay en toda Galicia
Y que por su talle y cara,
Discreción y honestidad
Y otras infinitas gracias,
Pudiera honrar el hidalgo
Más noble de toda España.
Felic. ¿Que es tan hermosa?
Celio. Es un ángel.
D. Tell. Bien se ve, Celio, que hablas
Con pasión.
Celio. Alguna tuve.
Mas cierto que no me engaña.
D. Tell. Hay algunas labradoras
Que, sin afeites ni galas,
Suelen llevarse los ojos,
Y a vuelta dellos el alma;
Pero son tan desdeñosas,
Que sus melindres me cansan.
Felic. Antes, las que se defienden
Suelen ser más estimadas.
Vanse, y sale Nuño y Sancho.
Nuño. ¿Eso don Tello responde?
Sancho. Esto responde, señor.
Nuño. Por cierto que a su valor
Dignamente corresponde.
Sancho. Mandóme dar el ganado
Que os digo.
Nuño. Mil años viva.
Sancho. Y aunque es dádiva excesiva,
Más estimo haberme honrado
Con venir a ser padrino.
Nuño. Y ¿vendrá también su hermana?
Sancho. También.
Nuño. Condición tan llana,
Del cielo a los hombres vino.
Sancho. Son señores generosos.
Nuño. ¡Oh!, si aquesta casa fuera,
Pues los huéspedes espera
Más ricos y poderosos
Deste reino, un gran palacio...
Sancho. Esa no es dificultad:
Cabrán en la voluntad,
Que tiene infinito espacio.
Ellos vienen, en efeto.
Nuño. ¡Qué buen consejo te di!
Sancho. Cierto que en don Tello vi
Un señor todo perfeto;
Porque, en quitándole el dar,
Con que a Dios es parecido,
No es señor; que haberlo sido[110]
Se muestra en dar y en honrar.
Y pues Dios su gran valor
Quiere que dando se entienda,
Sin dar ni honrar no pretenda
Ningún señor ser señor.
Nuño. ¡Cien ovejas! ¡Veinte vacas!
Será una hacienda gentil,
Si por los prados del Sil
La primavera los sacas.[111]
Pagúele Dios a don Tello
Tanto bien, tanto favor.
Sancho. ¿Dónde está Elvira, señor?
Nuño. Ocuparála el cabello
O algún tocado de boda.
Sancho. Como ella traiga su cara,
Rizos y gala escusara,
Que es de rayos del sol toda.
Nuño. No tienes amor villano.[112]
Sancho. Con ella tendré, señor,
Firmezas de labrador
Y amores de cortesano.
Nuño. No puede amar altamente
Quien no tiene entendimiento,
Porque está su sentimiento
En que sienta lo que siente:
Huélgome de verte así.
Llama esos mozos, que quiero
Que entienda este caballero
Que soy algo o que lo fuí.
Sancho. Pienso que mis dos señores
Vienen, y vendrán con ellos.
Deje Elvira los cabellos
Y reciba sus favores.
Salen Don Tello y criados; Juana, Leonor y villanos.
D. Tell. ¿Dónde fué mi hermana?
Juana. Entró
Por la novia.
Sancho. Señor mío.
D. Tell. Sancho.
Sancho. Fuera desvarío
Querer daros gracias yo,
Con mi rudo entendimiento,
Desta merced.
D. Tell. ¿Dónde está
Vuestro suegro?
Nuño. Donde ya
Tendrán sus años aumento
Con este inmenso favor.
D. Tell. Dadme los brazos.
Nuño. Quisiera
Que esta casa un mundo fuera,
Y vos del mundo señor.
D. Tell. ¿Cómo os llamáis vos, serrana?
Pelayo. Pelayo, señor.
D. Tell. No digo
A vos.
Pelayo. ¿No habraba conmigo?
Juana. A vuestro servicio, Juana.
D. Tell. Buena gracia.
Pelayo. Aun no lo sabe
Bien, que con un cucharón,
Si la pecilga un garzón,
Le suele pegar un cabe[113]
Que le aturde los sentidos;
Que una vez, porque llegué
A la olla, los saque
Por dos meses atordidos.
D. Tell. ¿Y vos?
Pelayo. Pelayo, señor.
D. Tell. No hablo con vos.
Pelayo. Yo pensaba,
Señor, que conmigo habraba.
D. Tell. ¿Cómo os llamáis?
Leonor. Yo, Leonor.
Pelayo. ¡Cómo pescuda por ellas,[114]
Y por los zagales no!
Pelayo, señor, soy yo.
D. Tell. ¿Sois algo de alguna dellas?
Pelayo. Sí, señor, el porquerizo.
D. Tell. Marido, digo, o hermano.
Nuño. ¡Qué necio estás!
Sancho. ¡Qué villano!
Pelayo. Así mi madre me hizo.
Sancho. La novia y madrina vienen.
Salen Feliciana y Elvira.
Felic. Hermano, hacedles favores,
Y dichosos los señores
Que tales vasallos tienen.
D. Tell. Por Dios, que tenéis razón.
¡Hermosa moza!
Felic. Y gallarda.
Elvira. La vergüenza me acobarda
Como primera ocasión.
Nunca vi vuestra grandeza.
Nuño. Siéntense sus señorías:[115]
Las sillas son como mías.
D. Tell. No he visto mayor belleza.
¡Qué divina perfección!
Corta ha sido su alabanza.
¡Dichosa aquella esperanza[116]
Que espera tal posesión!
Felic. Dad licencia que se siente
Sancho.
D. Tell. Sentaos.
Sancho. No, señor.
D. Tell. Sentaos.
Sancho. Yo tanto favor,
Y mi señora presente.
Felic. Junto a la novia os sentad;
No hay quien el puesto os empida.
D. Tell. No esperé ver en mi vida
Tan peregrina beldad.
Pelayo. Y yo, ¿adónde he de sentarme?
Nuño. Allá en la caballeriza
Tú la fiesta solenniza.
D. Tell. ¡Por Dios que siento abrasarme!—
¿Cómo la novia se llama?
Pelayo. Pelayo, señor.
Nuño. ¿No quieres
Callar? Habla a las mujeres,
Y cuéntaste tú por dama.
Elvira es, señor, su nombre.
D. Tell. Por Dios que es hermosa Elvira,
Y digna, aunque serlo admira,
De novio tan gentilhombre.
Nuño. Zagalas, regocijad
La boda.
D. Tell. ¡Rara hermosura!
Nuño. En tanto que viene el cura,
A vuestra usanza bailad.
Juana. El cura ha venido ya.
D. Tell. Pues decid que no entre el cura.—
Que tan divina hermosura
Robándome el alma está.
Sancho. ¿Por qué, señor?
D. Tell. Porque quiero,
Después que os he conocido,
Honraros más.
Sancho. Yo no pido
Más honras, ni las espero,
Que casarme con mi Elvira.
D. Tell. Mañana será mejor.
Sancho. No me dilates, señor,
Tanto bien; mis ansias mira,
Y que desde aquí a mañana
Puede un pequeño accidente
Quitarme el bien que presente
La posesión tiene llana.
Si sabios dicen verdades,
Bien dijo aquel que decía
Que era el sol el que traía
Al mundo las novedades.
¿Qué sé yo lo que traerá
Del otro mundo mañana?
D. Tell. ¡Qué condición tan villana!
¡Qué puesto en su gusto está![117]
Quiérole honrar y hacer fiesta,
Y el muy necio, hermana mía,
En tu presencia porfía
Con voluntad poco honesta.—
Llévala, Nuño, y descansa
Esta noche.
Nuño. Haré tu gusto.
Vanse Tello, Feliciana y Celio.
Esto no parece justo.
¿De qué don Tello se cansa?
Elvira. Yo no quiero responder
Por no mostrar liviandad.
Nuño. No entiendo su voluntad
Ni lo que pretende hacer:
Es señor. Ya me ha pesado
De que haya venido aquí.
Vase.
Sancho. Harto más me pesa a mí,
Aunque lo he disimulado.
Pelayo. ¿No hay boda esta noche?
Juana. No.
Pelayo. ¿Por qué?
Juana. No quiere don Tello.
Pelayo. Pues don Tello, ¿puede hacello?
Juana. Claro está, pues lo mandó.
Vase.
Pelayo. Pues antes que entrase el cura
Mos ha puesto impedimento.[118]
Vase.
Sancho. Oye, Elvira.
Elvira. ¡Ay, Sancho! Siento
Que tengo poca ventura.
Sancho. ¿Qué quiere el señor hacer,
Que a mañana lo difiere?
Elvira. Yo no entiendo lo que quiere,
Pero debe de querer.
Sancho. ¿Es posible que me quita
Esta noche? ¡ay, bellos ojos!
¡Tuviesen paz los enojos[119]
Que airado me solicita!
Elvira. Ya eres, Sancho, mi marido:
Ven esta noche a mi puerta.
Sancho. ¿Tendrásla, mi bien, abierta?
Elvira. ¡Pues no!
Sancho. Mi remedio ha sido;
Que si no, yo me matara.
Elvira. También me matara yo.
Sancho. El cura llegó y no entró.
Elvira. No quiso que el cura entrara.
Sancho. Pero si te persuades
A abrirme, será mejor;
Que no es mal cura el amor
Para sanar voluntades.
Vanse, y salen don Tello y criados con mascarillas.
D. Tell. Muy bien me habéis entendido.
Celio. Para entenderte, no creo
Que es menester, gran señor,
Muy sutil entendimiento.
D. Tell. Entrad, pues, que estarán solos
La hermosa Elvira y el viejo.
Celio. Toda la gente se fué
Con notable descontento
De ver dilatar la boda.
D. Tell. Yo tomé, Celio, el consejo
Primero que amor me dió,
Que era infamia de mis celos
Dejar gozar a un villano
La hermosura que deseo.
Después que della me canse,
Podrá ese rústico necio
Casarse; que yo daré
Ganado, hacienda y dinero
Con que viva, que es arbitrio
De muchos, como lo vemos
En el mundo. Finalmente,
Yo soy poderoso, y quiero,
Pues este hombre no es casado,
Valerme de lo que puedo.
Las máscaras os poned.
Celio. ¿Llamaremos?
D. Tell. Sí.
Llaman, y sale Elvira al paño.
Criado. Ya abrieron.
Elvira. Entra, Sancho de mi vida.
Celio. ¿Elvira?
Elvira. Sí.
Criado. ¡Buen encuentro!
Llévanla.
Elvira. ¿No eres tú, Sancho? ¡Ay de mí!
¡Padre! ¡Señor! ¡Nuño! ¡Cielos!
¡Que me roban, que me llevan!
D. Tell. Caminad ya.
Dentro.
Nuño. ¿Qué es aquesto?
Elvira. ¡Padre!
D. Tell. Tápala esa boca.
Nuño. ¡Hija, ya te oigo y te veo!
Pero mis caducos años
Y mi desmayado esfuerzo,
¿Qué podrán contra la fuerza
De un poderoso mancebo,
Que ya presumo quién es?
Salen Sancho y Pelayo, de noche.
Sancho. Voces parece que siento
En el valle, hacia la casa
Del señor.
Pelayo. Habremos quedo:[120]
No mos sientan los criados.
Sancho. Advierte que estando dentro
No te has de dormir.
Pelayo. No haré.[121]
Que ya me conoce el sueño.
Sancho. Yo saldré cuando del alba
Pida albricias el lucero;
Mas no me las pida a mí,
Si me ha de quitar mi cielo.
Pelayo. ¿Sabes qué pareceré
Mientras estás allá dentro?
Mula de doctor, que está
Tascando a la puerta el freno.
Sancho. Llamemos.
Pelayo. Apostaré
Que está por el agujero
De la llave Elvira atenta.
Sancho. Llego, y llamo.
Sale Nuño.
Nuño. Pierdo el seso.
Sancho. ¿Quién va?
Nuño. Un hombre.
Sancho. ¿Es Nuño?
Nuño. ¿Es Sancho?
Sancho. Pues ¡tú en la calle! ¿Qué es esto?
Nuño. ¿Qué es esto, dices?
Sancho. Pues bien,
¿Qué ha sucedido?, que temo[122]
Algún mal.
Nuño. Y aun el mayor;
Que alguno ya fuera menos.
Sancho. ¿Cómo?
Nuño. Un escuadrón de armados
Aquestas puertas rompieron,
Y se han llevado...
Sancho. No más,
Que aquí dió fin mi deseo.
Nuño. Reconocer con la luna
Los quise, mas no me dieron
Lugar a que los mirase,
Porque luego se cubrieron
Con mascarillas las caras,
Y no pude conocerlos.
Sancho. ¿Para qué, Nuño? ¿Qué importa?
Criados son de don Tello,
A quien me mandaste hablar:
¡Mal haya, amén, el consejo!
En este valle hay diez casas,
Y todas diez de pecheros,
Que se juntan a esta ermita:
No ha de ser ninguno dellos.
Claro está que es el señor,
Que la ha llevado a su pueblo;
Que el no me dejar casar[123]
Es el indicio mas cierto.
Pues ¡es verdad que hallaré
Justicia fuera del cielo,
Siendo un hombre poderoso
Y el más rico deste reino!
¡Vive Dios que estoy por ir
A morir, que no sospecho
Que a otra cosa!
Nuño. Espera, Sancho.
Pelayo. ¡Voto al soto!, que si encuentro
Sus cochinos en el prado,
Que aunque haya guarda con ellos,
Que los he de apedrear.
Nuño. Hijo, de tu entendimiento
Procura valerte ahora.
Sancho. Padre y señor, ¿cómo puedo?
Tú me aconsejaste el daño,
Aconséjame el remedio.
Nuño. Vamos a hablar al señor
Mañana; que yo sospecho
Que, como fué mocedad,
Ya tendrá repentimiento.
Yo fío, Sancho, de Elvira,
Que no haya fuerza ni ruegos
Que la puedan conquistar.
Sancho. Yo lo conozco y lo creo.
¡Ay, que me muero de amor!
¡Ay, que me abraso de celos!
¿A cuál hombre ha sucedido
Tan lastimoso suceso?
¡Que trujese yo a mi casa
El fiero león sangriento
Que mi cándida cordera
Me robara! ¿Estaba ciego?
Sí estaba; que no entran bien
Poderosos caballeros
En las casas de los pobres
Que tienen ricos empleos.[124]
Paréceme que su rostro
Lleno de aljófares veo
Por las mejillas de grana,
Su honestidad defendiendo;
Paréceme que la escucho—
¡Lastimoso pensamiento!—
Y que el tirano la dice
Mal escuchados requiebros;
Paréceme que a sus ojos
Los descogidos cabellos
Haciendo están celosías
Para no ver sus deseos.
Déjame, Nuño, matar;
Que todo el sentido pierdo.
¡Ay, que me muero de amor!
¡Ay, que me abraso de celos!
Nuño. Tú eres, Sancho, bien nacido:
¿Qué es de tu valor?
Sancho. Recelo
Cosas que, de imaginallas,
Loco hasta el alma me vuelvo,
Sin poderlas remediar.
Enséñame el aposento
De Elvira.
Pelayo. Yo, mi señor,
La cocina; que me muero
De hambre; que no he cenado,
Como enojados se fueron.
Nuño. Entra, y descansa hasta el día;
Que no es bárbaro don Tello.
Sancho. ¡Ay, que me muero de amor
Y estoy rabiando de celos!