[87] Véase la nota 81.

[88] que. Lope no usó "el relativo con preposición a que", sino "simplemente la conjunción que". La particularidad de este ejemplo está en que "luego no se indicó la relación de caso, que la conjunción no podía expresar, por medio del pronombre" correspondiente, como sucede en el de Mariana ("virtudes que cada cual les daba el nombre"), que analiza don Ramón Menéndez Pidal, Antología de prosistas castellanos, 195, nota 3, cuyas son las palabras citadas. El señor M. P. aduce este otro ejemplo de la Diana de Montemayor: "un valle que toda cosa en él me daba gloria."

[89] porque nunca pára: el agua del arroyuelo, a la que Elvira da luz con el sol de su cara.

[90] mirase el agua, sin la preposición a, aunque solía usarse ante complemento directo de cosa en la época clásica. A. Castro, Teatro antiguo español, II, 214.

[91] Véase la nota anterior.

[92] Con los verbos de movimiento el infinitivo va regido de la preposición a, que aquí no falta (arcaísmo rechazado ya en 1501: cfr. Menéndez Pidal, Antología, 68, nota 3), sino que se ha fundido con la a inicial de ayudarme.

[93] achaques: "la escusa que damos para no hazer lo que se nos pide o demanda, de donde nació el proverbio, Achaques al viernes por no ayunarle." Covarrubias, Tesoro.

[94] a la he, a la fe. (a la fe). La sustitución de f por h y especialmente de fue por hue ("huente, huego, huerza"), es corriente para caracterizar el lenguaje villanesco. R. M. Pidal y M. Goyri de M. P., Teatro antiguo español, I, 162.

[95] "yo quixera", yo quisiera. "Quijera tener mil cosas que dalle", Farsa nuevam, trobada por Fernando Díaz, Kohler, Sieben spanischen dramatische Eklogen, pág. 320, v. iii.—"que aunq' el diablo no quijera", Rouanet, Colección de autos, II, pág. 326, v. 386.—"quijo", quiso, III, 16, 455 y 263, 65.—La lengua de los villanos de Lope y sus sucesores ("mezcla de arcaísmos y leonesismos", Am. Castro, Teatro ant. esp., II, 259), tan convencional como la de los chulos del género chico—aunque ésta haya logrado en parte incorporarse al uso, adquiriendo a posteriori honores de lengua viva—, es de tradición literaria, y deriva, más que de la observación, de la lectura de Juan del Encina y de sus imitadores.

[96] "¡Oh, si se fuessen aquí", en Parte XXI. Adoptamos la lección de la Suelta de 1741.