Y que por esta razon

Nadie será mi marido

Si no es que él mismo lo es.

Faust.

¡Cómo! ¿eso pasa, despues

Que anda ese loco perdido?

¡Vive Dios que aunque la espada,

Aunque en causa tan decente

Como es tu honra, sustente

Apénas la mano helada,