¡Ay Clara! nunca los hombres
La mano y la daga ofrecen
Á las cosas que aborrecen,
Ni las dicen tales nombres.
Sé yo toda la cartilla
De esta escuela de querer,
Siempre el raso y la mujer
Ó se aprensa ó se acuchilla.
Ya estará el buen Feliciano
Poniendo con ánsia loca