¡Yo, en traje tan indecente!

¡Yo, sin saber dónde estoy!

¡Yo, roto y entre doseles!

No lo entiendo, vive Dios,

Ni áun el alma en mí se entiende.

¿Dónde mis armas están?

¿Dónde el invencible temple

De aquel diamante forjado

De sí mismo, como el Fénix?

Todo está callado y surto,