Quien ve la mar alterada

Y está á la orilla, señor,

No yerra en volverse á tierra,

Así los peligros son;

Á los principios del daño,

Vuelve la espalda el temor

Por no esperar los sucesos,

Que nunca fué discrecion.

Dadme á besar vuestra mano,

Que en vuestra gracia me voy