Ha de ser lo primero

Matarle á él, y tengo de su daño

Más pena que del mio;

Aquí dos tiernas lágrimas le envio:

Que por la misma llave

Presumieron los ojos que saldrian,

Y que á su pecho grave

Entre las alas de un suspiro irian.

Calló, quizá pensando

Que la estabas entónces escuchando.