Que no hay amor que me incline

Para que pierda mi honor;

Deteniéndome va amor,

¡Qué pasos tan perezosos!

Pero hay hombres cautelosos,

Aunque si el Conde lo fuera,

La puerta anoche rompiera,

Ó por lo ménos llamára;

¡Ay Dios, quién imaginára

La desdicha en que me veo!