De su honor y de su casa;

Veo una mujer por quien

Me dió en el pecho una bala,

Que de milagro estoy vivo;

Y aunque su belleza es tanta,

Que, con una mano sola,

Todos mis cuidados paga,

Considérome casado,

Y que aquel deseo pasa

De su rigor en las bodas,