Entre un capuz y un sombrero,

Muy triste, porque el dinero

No estaba todo en su mano.

Tras él iba aquel bellaco

De Galindillo, fingiendo

Que lloraba, y componiendo

Su tumba; á un teñido saco

La falda llevaba, y creo

Que iba diciendo entre sí:

¡Oh si llevára yo aquí