Mira que eres hoy el dueño
De sus treinta mil ducados,
Ya no andarán empeñados
Tus desdenes y mis sueños;
Ten, mi señora, alegría.
Dor.
¿Puedo dejar de sentir
Que es tu sangre?
Gal.
¡Hay tal fingir!
Mira que eres hoy el dueño
De sus treinta mil ducados,
Ya no andarán empeñados
Tus desdenes y mis sueños;
Ten, mi señora, alegría.
Dor.
¿Puedo dejar de sentir
Que es tu sangre?
Gal.
¡Hay tal fingir!