(¡qué vasallos tan leales!)

puso una ballesta al pecho.

ESTEBAN

Supuesto que el disculparle

ya puede tocar a un suegro,

no es mucho que en causas tales

se descomponga con vos

un hombre, en efecto, amante;

porque si vos pretendéis

su propia mujer quitarle,