tanto, que arroyos corrían

de la sangre de los muertos.

Tomó posesión, en fin;

pero no llegara a hacerlo,

a no le dar Fernán Gómez

orden, ayuda y consejo.

El queda en la posesión,

y sus vasallos seremos,

suyos, a nuestro pesar,

a no remediarlo presto.