Sin embargo, de nada sirvió que la promulgacion de una ley marcial llamando á las armas á todos los venezolanos, excepto los ordenados in sacris y unos pocos empleados de la administracion civil, y la de un decreto ofreciendo la libertad á los esclavos que se alistasen por diez años, prometiendo indemnizar á sus amos en mejores circunstancias, le diesen una superioridad numérica sobre el enemigo; pues habiendo perdido el punto de Magdalena y las alturas que dominan á Maracay, el jefe venezolano se encontraba cortado en sus posiciones, viéndose forzado á retirarse y pegar fuego á los ricos depósitos de víveres y municiones que venia formando en aquella poblacion.
Con sus fuerzas, las de Guayca y la Cabrera, se encaminó hácia la Victoria: pero Monteverde, sabedor de este movimiento, se adelantó hasta San Mateo y le sorprendió, poniendo en desordenada fuga á sus soldados. Mientras tanto la capital de la república se encontraba en un estado de continua alarma, pues los esclavos de Curiepe y otros puntos de la costa y de los valles orientales, á pretexto de defender los derechos de Fernando VII, desde el 24 de Junio, en que habian tomado las armas, andaban cometiendo todo género de desmanes, tropelias y vejaciones con el mas feroz vandalismo, y Monteverde avanzaba hácia alli, despues de haber dejado algunas tropas frente á la Victoria.
En el punto que este movimiento del enemigo tenia lugar, una nueva decepcion ponia á Bolívar en inminente peligro y con él á la república. El último dia de Junio, el oficial de milicias Francisco Fernandez Vinoni, con alguna tropa, el presidio y varios reos de Estado, proclamaba á Fernando VII, enarbolando en el castillo de San Felipe de Puerto-Cabello una bandera roja, y despues de algunas intimaciones infructuosas rompia el fuego de su artilleria contra la plaza. En tan crítica situacion, y fuera de sí con un suceso que tal vez iba á decidir de la suerte del pais, trató Bolívar sin embargo de sostenerse, y lo hizo asi durante tres dias; pero al saber que los españoles de Valencia se dirigian ya hácia alli y que sus puestos avanzados se pasaban al enemigo, antes de abandonar Puerto-Cabello quiso tentar fortuna y mandó á su encuentro unos 200 hombres con los coroneles Mirés y Jalon. Estos fueron derrotados en San Estéban y habiendo quedado prisionero el último con solo siete soldados regresó el primero al lado de Bolívar.
Con 40 hombres que le quedaban, despues de haber capitulado los habitantes de Puerto-Cabello temiendo la ruina de la poblacion, el digno jefe trató de defenderse todavia en las afueras desde el Trincheron: pero el dia 6 no contando sino 8 oficiales á su servicio, se embarcó con ellos en Borburata, arribó á la Guaira y comunicó á Miranda desde Carácas, algunos dias despues, los incidentes de tan lamentable acontecimiento.
Asi que lo supo el Generalísimo, propuso á Monteverde, que se hallaba en Valencia, una suspension de hostilidades; pero el general español por toda respuesta se ofreció á concederle una capitulacion; la cual, admitida en principio por Miranda, pronto recibió este las condiciones que, despues de ajustadas, dieron lugar á algunas diferencias. Pero apremiado por Monteverde las ratificó Miranda el 25 de Julio de aquel año, el de 1812, quedando la Confederacion, conforme á las capitulaciones, asi como el armamento y demás objetos militares en poder del general español bajo garantia de respeto á las personas, cualesquiera que hubieren sido su conducta y opiniones durante la revolucion.
Al dia siguiente las tropas españolas penetraban en la Victoria, y tres mas tarde en Carácas, de donde huyeron algunos patriotas con intencion de embarcarse en la Guaira, y entre los que asi se precipitaban, poco seguros del cumplimiento de lo estipulado, figuraba tambien el desgraciado Generalísimo de la efímera Confederacion venezolana.
CAPITULO IV
Bolívar se embarca para Curazao.—Tirios y Troyanos.—Constitucion de 1812.—Complot de varios jóvenes patriotas.—Marino y Bermudez.— Atrocidades de Zuazola.—Sus consecuencias.—Sitio de Maturin.—La revolucion revive.—Bolívar en Cartagena.—Principia á ejecutar sus planes.—Paso del Zulia.—Asciende á brigadier.—Penetra en Venezuela.— La guerra á muerte.—Conquistas.—Proclama.—Nuevos triunfos.—Entrada de Bolívar en Carácas.
Bolívar, cuyo ánimo acostumbrado desde la niñez á los grandes reveses y cuyo amor por la patria no se abatian en ninguna circunstancia, dominado en la que tan cruelmente pesaba sobre el pueblo venezolano por la idea de salvarle y de sacudir un dia el pesado yugo que venia á esclavizarle de nuevo, trató de conservarse, y merced á la buena amistad del español Don Francisco Iturbe, que gozaba de gran favor cerca de Monteverde, obtuvo un salvoconducto y se embarcó en seguida para Curazao.
La terminacion de la campaña trajo la desavenencia entre el capitan general Miyares y Monteverde, que se negaba á reconocer su autoridad en los paises por él recuperados para la España, dando por resultado la destitucion del primero y la elevacion del pacificador á la dignidad superior de Venezuela. Entonces, alegando que se conspiraba nuevamente, apresó á muchos distinguidos americanos. Miranda siguió muchos meses en los calabozos de Puerto-Cabello, de donde fué trasladado á Cádiz y con destino al arsenal de la Carraca, que andando el tiempo le vió morir el dia 14 de Mayo de 1816. Juan Pablo Ayala, Madariaga, Mirés y Roscio, patriotas venerables, fueron tambien remitidos á España y encerrados en seguida en los presidios de África.