El avaro, nadando en la opulencia, no se cree jamás con deberes para el desvalido.
El generoso no calcula si lo superfluo de que hoy día se desprende, será mañana para él una necesidad.
El cobarde es siempre fuerte con los débiles, débil con los fuertes.
El valiente, ni es opresor, ni se deja oprimir, puede doblarse,—quebrarse jamás.
El débil, busca quien le dé sombra, quien le gobierne y le dirija.
El fuerte, ampara y protege, se basta á sí mismo.
El virtuoso es modesto.
El vicioso es audaz.
Somos como Dios nos ha hecho.
Es por eso que la caridad nos prescribe el amor, la indulgencia, la generosidad.