¿Pero cómo se operan los fenómenos de la vida?
Del corazón nacen los grandes afectos y los grandes odios; del corazón nacen los pensamientos sublimes y las sublimes aberraciones; del corazón nace lo que me estremece y me enternece, lo que me consuela y lo que me agita.
¿Á impulsos de qué?
Lo que ayer embellecía mi vida hoy me hastía; lo que ayer me daba la vida, hoy me mata; ayer creía no poder vivir sin lo que hoy me falta, y hoy descubro en mí gérmenes inesperados para resistir y sufrir.
Como la lámpara que se extingue, pero que no muere, así es nuestro corazón.
Nos quejamos de los demás, jamás de nosotros mismos.
¿Es que somos ingratos ó severos?
¡No!
Es que no nos entendemos.
Si nos comprendiéramos no seríamos injustos, anhelando como anhelamos el bien.