Yo conté la mía, y un cabo Gómez, muerto en la gloriosa guerra del Paraguay, fué el asunto de mi cuento.

Tiene algo de fantástico y maravilloso.

Si estoy de humor mañana y no te vas fastidiando de las digresiones y no te urge llegar á Leubucó, te lo contaré.

V

El fogón.—Calixto Oyarzábal.—El cabo Gómez.—De qué fué á la guerra del Paraguay.—Por qué lo hicieron soldado de línea.—José Ignacio Garmendia y Maximio Alcorta.—Predisposiciones mías en favor de Gómez.—Su conducta en el batallón 12 de línea.—Primera entrevista con él.—Su figura en el asalto de Curupaití.—La lista después del combate.—El cabo Gómez.

El fogón es la delicia del pobre soldado, después la fatiga. Alrededor de sus resplandores desaparecen las jerarquías militares. Jefes superiores y oficiales subalternos, conversan fraternalmente y ríen á sus anchas. Y hasta los asistentes que cocinan el puchero y el asado, y los que ceban el mate, meten, de vez en cuando, su cucharada en la charla general, apoyando ó contradiciendo á sus jefes y oficiales, diciendo alguna agudeza ó alguna patochada.

Cuando Calixto Oyarzábal, mi asistente, dejó la palabra, con sentimiento de los que le escuchaban, pues es un pillo de siete suelas, capaz de hacer reir á carcajadas á un inglés, pidiéronme mis circunstantes mi cuentito.

Yo estaba de buen humor, así fué que después de dirigirle algunas bromas á Calixto, que con su aire de zonzo estudiado, ha hecho ya una revolución en las Provincias, para que veas lo que es el país, tomo á mi turno la palabra.

Y este cuento me permitirás que se lo dedique á un mi amigo, que ha hecho la guerra en el Paraguay como oficial de un batallón de Guardia nacional.