Las mujeres tienen el don especial de hacernos hacer todo género de disparates, inclusive el de hacernos matar.

Yo me bato con cualquier perro, aunque sea de presa, por una mujer, aunque sea vieja y fea, si soy su cabaleiro servente.

Otro se suicida por una mujer, con pistola, navaja de barba, veneno ó arrojándose de una torre. No hay que discutirlo.

Hay héroes porque hay mujeres.

Y es mejor no pensarlo—¿qué sería el hermoso planeta que habitamos, sin ellas?

La presencia é inmediación de los míos, el orgullo de no dejarme avasallar, ni sobrepujar por aquellos bárbaros en nada y por nada, me hacían insistir contra las reiteradas instancias de Mariano Rosas, en no retirarme.

Mi principal temor era embriagarme demasiado. Á una loncoteada no le temía tanto.

Loncotear, llaman los indios á un juego de manos, bestial.

Es un pugilato que consiste en agarrarse dos de los cabellos y en hacer fuerza para atrás, á ver cuál resiste más á los tirones.

Desde chiquitos se ejercitan en él.