Era el negro del acordeón.

Para serenatas estaba yo.

Me hizo el efecto de Mefistófeles.

¡Vade retro, Satanás!—le grité.

No entendió. Ya lo creo. ¡Latín puro á esas horas y al lado del toldo de Mariano Rosas!

—Mi Coronel Mansilla, fué su contestación.

—Vete al diablo, repliqué.

—Me manda el General Mariano.

—¿Y qué quiere?

—Manda decir, que ¿cómo le ha ido á su merced (textual), de viaje; que si no ha perdido algunos caballos; que cómo ha pasado la noche; que—si ha dormido bien?