—Es verdad—le contesté.

Y él repuso:

—Vaya, no más, hermano, á comer, ya es un poco tarde.

Salí, pues, nuevamente del toldo, comí, y al entrarse el sol, volví á la enramada.

Mariano estaba sentado con unos cuantos indios medio achumado con ellos.

Me ofrecieron asiento, lo acepté.

Bebían aguardiente.

Me hicieron un yapaí, acepté.

Me hicieron otro, acepté.