IX
La Alegre.—En qué rumbo salimos.—¿Los viajes son un placer?—Por qué se viaja.—Monte de la Vieja.—El alpataco.—El zorro colgado.—Pollo-helo.—Us-helo.—Qué es aplastarse un caballo.—Coli-Mula.—La trasnochada.—Precauciones.
La Alegre, es una laguna de agua dulce, permanente, cuyo nombre le cuadra muy bien, como que está situada en un accidente del terreno de cierta elevación, circunvalada de médanos y arbustos, que suministran una excelente leña, y de abundante pasto.
Las cabalgaduras se dieron allí una buena panzada, que no se les indigestó. ¡Ojalá que á ti y al lector les sucediera lo mismo con el cuento del cabo Gómez! Si sucediese lo contrario, me vería en el caso de suprimir otros que deben venir á su tiempo.
Nos pusimos en marcha.
El rumbo, Sur, recto, ó reuto, como dicen los paisanos.
El camino, ó mejor dicho, la rastrillada, cruzaba por un campo lleno de chañaritos espinosos. La luna estaba en su descenso, el cielo nublado, la noche obscura, de modo que no pudiendo ver con facilidad los objetos, á cada paso rehuía el caballo la senda por no espinarse, espinándose el jinete y evitando el culebreo del animal que nos durmiéramos profundamente.
Todos los que viajan, ponderan alguna maravilla, la que más ha llamado la atención, ó tienen alguna anécdota favorita, algo que contar, en suma, aunque más no sea que han estado en París, barniz que no á todos se les conoce.
¿Dirás que no es cierto?
En lo que suelen estar divididas las opiniones de los tourist, y desde luego las opiniones de los que no han viajado, que es más fácil coincidir en pareceres cuando se conocen prácticamente las cosas, es sobre el capítulo: placer de los viajes.