—Pero todos los hombres no tienen amigos que paguen por ellos.
—Aquí sí; no ve, señor, que en cada toldo hay allegados, que viven de lo que agencia el dueño.
—¿Y si se les antoja no pagar?
—No sucede nunca.
—Puede suceder, sin embargo.
—Podría suceder, sí, señor, pero si sucediese, el día que á ellos les faltase nadie les daría.
—¿Cada indio tendrá una cuenta muy larga de lo que debe y le deben?
—Todo el día hablan de lo que han recibido y dado con vuelta.
—¿Y no se olvidan?