Llegaron los caballos y Camilo.

Mandé ensillar. En tanto lo hacían, me contó éste su entrevista con Manuel Alfonso.

Habían dormido juntos; no se habían entendido, porque el gaucho no había simpatizado conmigo; pero se habían separado amigos.

Se oyó un toque de corneta.

Los clarines de Baigorrita contestaron, montamos á caballo y nos movimos, rompiendo la marcha en dispersión.

Á poco andar avistamos la gente de Mariano Rosas, coronando la cumbre de una cuchilla.

Tocaron alto, llamada y reunión.

Los toques fueron obedecidos, lo mismo que lo habría hecho una tropa disciplinada.

Formamos en batalla; Baigorrita, yo y mi séquito nos pusimos al frente de la línea, y en ese orden avanzamos.

La indiada de Mariano Rosas hizo la misma maniobra. Las dos líneas marchaban á encontrarse. Seríamos trescientos de cada parte.