Algunas de las visitas eran conocidos. Entablé conversación con ellos. El padre Marcos por su parte, le hizo á Mariano Rosas una larga explicación de lo que significaba el bautismo, quien varias veces contestó: Ya sé. Le exigió que á la hijita que iban á bautizar la educara como cristiana, lo que le fué prometido; dejó de comer puchero cuando el plato dijo no hay más, y en seguida se despidió y salió.
Yo me quedé en mi puesto, busqué una postura cómoda, la hallé acostado, dejé que Mariano Rosas hablara con sus visitas y me dormí.
Cuando me desperté, el toldo estaba solo.
Salí de él; Mariano había vuelto á la enramada, me senté á su lado y le dije:
—Hermano, y, ¿me lo llevo ó no á Macías?
—Entremos—me contestó, levantándose y dirigiéndose al toldo.
Le seguí y entramos, cediéndome él el paso en la puerta.
Nos sentamos.
Tomó la palabra y habló así: