Y marchando íbamos cuando ladraron perros.
—Allí hay un toldo—dijo Camilo.
Miré en la dirección que me indicaba, no vi sino tinieblas.
—Pues hagamos alto aquí y que vayan á averiguar dónde queda el de Ramón—le contesté.
Despachó una pareja de jinetes.
Volvieron diciendo que íbamos mal; que el camino quedaba á la izquierda, es decir, al Poniente, y que el toldo de Ramón estaba muy cerca, que en cuanto cruzáramos una cañada lo veríamos.
Cambiamos de rumbo y seguimos la marcha en la dirección indicada, y á poco andar, caímos á un campo bajo, húmedo y guadaloso.
—Aquí debe ser la cañada—dijo Camilo,—ya debemos estar cerca.
Entre los extraviados iba un perro mío llamado Brasil, que después de haber hecho la campaña del Paraguay en el Batallón 12 de línea, me acompañaba valientemente en aquella excursión.