Estábamos al pie de los médanos de la Verde.

XXXI

Otra vez en la Verde.—Últimos ofrecimientos de Mariano Rosas.—Más ó menos todo el mundo es como Leubucó.—Augurios de la Naturaleza.—Presentimientos.—Resuelvo separarme de mis compañeros.—Impresiones.—¡Adiós!—Un fantasma.—Laguna del Bagual.—Encuentro nocturno.—Un cielo al revés.—Agustinillo.—Miseria del hombre.

El lector conoce ya la Verde, en cuya hoya profunda y circular mana fresca, abundante y límpida el agua dulce, y donde todos los que entran ó salen, por los caminos del Cuero y Bagual, se detienen para abrevar sus cabalgaduras y guarecerse durante algunas horas bajo el tupido ramaje de los algarrobos, ó de los chañares y espinillos, que hermosean el plano inclinado, que en abruptas caídas conduce hasta el borde de la laguna, cubierto de verdes juncos, de amarillentas espadañas y filosas totoras de semi-cilíndricas hojas, entre las cuales los sapos y las ranas celebran escondidos, en eterno y monótono coro, la paz inalterable de aquellas regiones solitarias y calladas...

Allí hay sombra, fresca gramilla y perfumado trébol, durante las horas en que el sol vibra implacable sus rayos sobre la tierra; refugio durante las noches tempestuosas, en que las aguas se desploman á torrentes del cielo, leña siempre para encender el alegre fogón.

Yo coronaba con mi gente las crestas arenosas del médano, al mismo tiempo que en una dirección que formaba con la mía un ángulo recto, aparecía un pequeño grupo de jinetes viniendo de Leubucó.

Debe ser, dije para mis adentros, la contestación del capitán Rivadavia, y picando mi caballo descendí rápidamente por la cuesta, recibiendo pocos instantes después una carta suya, pues, en efecto, los que venían eran mensajeros de aquel fiel y valiente servidor.

Mariano Rosas había escuchado mi reclamo diplomático, y, á fuer de hombre versado en los negocios públicos, me ofrecía en cumplimiento del tratado de paz, perseguir, aprehender y castigar á los que, según mis noticias, habían andado maloqueando por San Luis, mientras yo tenía mis conferencias á campo raso con los notables de Baigorrita, de Mariano y de Ramón.

Promesas no ayudan á pagar; pero sirven siempre para salir del paso, y los indios incansables cuando se trata de pedir, no se andan con escrúpulos cuando se trata de prometer.