Por esta razón los entierran junto con el mejor caballo y las prendas de plata más valiosas que tuvieron; y alrededor de la sepultura les sacrifican caballos, vacas, yeguas, cabras y ovejas, según la riqueza que dejan, ó la que poseen sus deudos ó amigos.
El caballo y las prendas enterradas son para que tengan en qué andar en la tierra ésa, donde deben resucitar; los demás animales son para que tengan qué comer durante el viaje de ida y vuelta.
Las mujeres también resucitan, no se crea que no.
Pretenden algunos que han vivido mucho tiempo entre los indios, que á consecuencia de estas costumbres debe haber mucha plata labrada enterrada en el Desierto. Por mi parte, creo que los cristianos, que ni le tienen tanto miedo á Gualicho, ni son pitagóricos, se han encargado de desenterrarla.
Lo cierto es, que según las noticias que mi comadre me daba, las honras fúnebres no se hacen con tanta pompa como antes.
Queriendo explicar el por qué del hecho, decía: «Yo no sé si será porque los cristianos han solido registrar las sepulturas ó porque ahora la plata vale más».
Yo me inclino á creer que las dos causas combinadas van haciendo que los entierros sean menos lujosos.
En efecto, los indios tienen ahora muchas necesidades, les gusta mucho beber, tomar mate dulce, fumar, vestirse con ropa fina; y fácilmente se comprende que muriendo un deudo querido honren su memoria con sacrificios de caballos, vacas, yeguas, cabras y ovejas y que la plata se la guarden.
Mi comadre aseguró que, mientras no hubo cristianos entre los indios, no hubo ejemplo de que se violaran las tumbas sagradas.