—¡Oh, señora condesa!... Si usted quiere, con razón se llamará ese baile la dulce alianza...
La dama extendió ambas manitas con gesto de cómico espanto.
—¡Ay, no, no, Pulido, por Dios!... ¡Si así se llama la confitería de la Carrera de San Jerónimo!
La duquesa salió entonces a la palestra, y con habilidad mujeril disparó el más certero saetazo, sirviéndole de ballesta una mentira muy gorda.
—Después de todo—dijo—, no hay que apurar mucho a Curra, porque si ella no puede dar el baile, Isabel Mazacán se compromete a darlo...
El tiro dio en el blanco, y Currita soltó al pronto la prenda.
—¿Y por qué no he de poder yo?—dijo—. La cosa no puede ser más fácil... Dentro de quince días es Carnaval. ¿Les parece a ustedes bien un gran baile de trajes?...
—¡Te cuesta un sentido!—murmuró Jacobo con tan mal humor como si hubiera él de pagarlo.
Mas la duquesa, que pescó al vuelo la frase y comprendió la económica idea de monsieur Alphonse, impidió que llegase a oídos de Currita, rompiendo a reír a carcajadas; todos la miraron con extrañeza...