—Como dijo la señora condesa que trajesen antes la antipirina...
—Pues anda, mujer... ¡Si dice en el sobre urgente!...
No bien salió Kate, arrojó Currita en la chimenea la medicina y dirigióse muy de prisa al salón azul, donde acababa de entrar Jacobo. Quería ver ella de cerca la impresión que causaba a este la lectura de la carta; un momento después presentábasela un criado en una bandeja de plata.
Abalanzóse a ella Jacobo con grandes ansias, y sin mirar apenas el sobre, rasgólo en dos pedazos... Currita le devoraba con la vista, mas no pudo notar en su rostro señal de gozo ni satisfacción alguna; observó tan sólo una gran ansiedad mientras leía, y luego una honda preocupación que le duró toda la comida. A veces, charlaba largo rato, sin cesar un punto, con cierta excitación nerviosa que prestaba brillantez a su conversación y alarmaba a Currita; otras, enmudecía de repente y quedábase pensativo y preocupado, sin prestar apenas atención a lo que en torno de él se hablaba.
Hallábase muy perplejo; había comprendido desde luego que aquella extraña carta era la respuesta del Hº. Neptuno, porque a nadie sino a este había pedido él cita alguna; mas extrañábale, por lo mismo, la singular manera de su redacción y el empeño manifiesto que en ella se notaba de encubrir todo lo que pudiera denunciar su carácter masónico y hacerla tan sólo como una cita galante y misteriosa, según la había juzgado ya, engañándose por completo, la misma Currita.
Despertóle esto la fundada sospecha de si la carta ocultaría algún lazo, y de nuevo renacieron sus temores; mas recordó luego las mojigangas ridículas y los aparatosos misterios de que suelen rodearse siempre los masones, y esforzóse por creer lo que más halagaba sus deseos y ahuyentaba sus recelos: que en todo aquello había tan sólo una broma impertinente y ridícula que había que apurar hasta el cabo, y que la carta de Pérez Cueto era el chasco de Carnaval que debía coronarla. De repente, en uno de aquellos momentos de preocupación que la lucha de estas ideas le causaba, dijo a don Casimiro Pantojas, que se hallaba a su lado:
—Diga usted, Pantojas... ¿Qué significa vocavi et renuistis?...
Miróle el bueno de don Casimiro muy asombrado, y satisfecho de poder lucir su erudición, contestóle al punto:
—Significa literalmente te llamé y me rechazaste... y son las palabras de Isaías, si mal no recuerdo, que dirige el Señor a los pecadores empedernidos que resisten a su misericordia.
Echóse Jacobo a reír, y Currita le preguntó con malicia: