[15] Varias fueron las asociaciones de señoras que se fundaron en aquel tiempo con el fin de socorrer a los heridos del Norte, siendo la que más benéficos resultados produjo la presidida por la ilustre y virtuosa señora marquesa de Miraflores, cuyo nombre ha aparecido siempre unido a todas las obras buenas y caritativas. Excusado nos parece advertir al lector que la asociación que nosotros suponemos no tiene nada que ver con ninguna de estas, y que, aunque tomada del natural parte de su fisonomía, es, en su conjunto, pura invención nuestra.
[16] Esta cláusula está tomada literalmente del testamento citado, sin otra variación que la de introducir en ella el nombre supuesto de la Marquesa de Paracuéllar.
[17] ¡Padre san Ignacio..., sálvalos!
[18] ¡Padre San Ignacio... adiós!
[19] La muerte de este santo anciano, acaecida al mismo tiempo que la de la persona que auxiliaba, es un hecho rigurosamente histórico.
[20] Formaban este primer gabinete alfonsino, bajo la presidencia de don Antonio Cánovas del Castillo, los señores Castro, Cárdenas, Jovellar, Salaverría, marqués de Molins, Romero Robledo, Ayala y marqués de Orovio. Excusado nos parece advertir que, al fingir nosotros un señor Gallego y un señor Laguna formando parte de este Ministerio, no aludimos para nada a ninguno de los señores que en realidad lo formaron. Y ya que de alusiones hablamos, bueno será hacer constar, una vez más, que yerran por completo los que han creído ver en algunos personajes de la presente novela retratos de personas harto conocidas, que sin duda lo fueron muy poco de los que tal juzgan, cuando encuentran semejanza entre unos y otros. Nuestros personajes no son retratos de individuos determinados, sino tipos de caracteres sociales; y si puede halagar la vanidad del artista que resulten sus creaciones tan reales que no pueda concebírselas sin un modelo vivo, debe de repugnar ala delicadeza y aun a la conciencia del escritor honrado al convertir por este medio un libro escrito con altos fines morales en un intencionado libelo.