—Dile a don Joselito que no recibo a nadie... Tengo mucha jaqueca.

Kate pareció titubear un momento y se decidió al fin a decir tímidamente:

—¿Ni tampoco a don Juan Velarde?...

—Tampoco: a nadie, a nadie...

De nuevo volvió a insinuar Kate con mucha delicadeza:

—El señorito volverá hoy del colegio...

—¡Es verdad!... ¡Pobre Paquito!...

—Y querrá ver a la señora...

—No, no... que se entretenga con Lilí... Mañana lo veré... ¡Tengo una jaqueca horrible!