De cuyo rey los moros alababan
la condición, bondad, sincero pecho;
su gran magnificencia entronizaban,
con que a cualquiera tiene satisfecho.
El capitán, que ve que concordaban
con lo que le dijera de este hecho
en los sueños Cileno, se partía
adonde el sueño y moro le decía.
Era en el tiempo alegre, cuando entraba
en el Toro la luz clara y febea,