Eran ofrecimientos verdaderos
y palabras sinceras no dobladas
las con que el rey convida a los guerreros
que tantas leguas tienen navegadas:
envíales con esto cien carneros,
cien gallinas domésticas cebadas,
las frutas que la tierra entonces cría,
con voluntad que el don grande excedía.
Recibe el capitán alegremente
el mensajero ledo y su recado,